domingo, 9 de agosto de 2009

CRITICO REGRESO
A CLASES

Por Helí Herrera Hernández
plazacaracol@hotmail.com

A menos de una semana para que el sistema educativo medio superior regrese a clases, y a dos de que lo haga el resto, los padres de familia se aprestan a hurgar en sus pertenencias para evaluar que prendas empeñaran tanto en el Nacional Monte de Piedad, como en las diferentes y lucrativas casas de empeño.

Muchos de ellos no tienen empleo; otros lo tienen pero solo están laborando de 3 a 4 días, e independientemente que otros padres laboran normalmente, la inflación galopante que vive el país les pega directamente a los salarios, provocando un cambio en los procesos de consumo de las familias mexicanas, haciendo que el dinero lo utilicen directamente para la comida, que ha mermado en sus mesas, producto de las alzas que la mayoría de los alimentos han registrado hasta en un 80%.

No tiene la finalidad este artículo referirse a la terrible situación económica que atraviesa el país. Baste solo su acotación como referencia para predecir el sinuoso camino que les espera a los millones de papás y mamás para este regreso a clases, donde los directores de todas las escuelas públicas sin tentarse el corazón, imponen no solo las tradicionales cuotas para inscribir a sus hijos, sino la compra de extensas listas de útiles escolares de marca, que los hacen más onerosos, independientemente de los famosos uniformes de diario y los deportivos.

Sin condolerse estos directivos, a pesar que ellos mismos viven la misma situación, imponen el pago de una cantidad de dinero para que los niños y jóvenes tengan derecho a inscribirse en las escuelas de educación básica y media superior, y exigen a los padres que vayan a comprar sus uniformes en alguna determinada casa comercial (quizás porque llevan una regalía), y con determinada persona los famosos pants (uniformes deportivos).

Les avisan que de no hacerlo así no inscribirán a sus hijos, amenaza que cumplen a pesar de las advertencias que las autoridades educativas lanzan a través de los medios de comunicación, que se las pasan los directores por el arco del triunfo, sin ninguna represalia de la Secretaria de Educación.

Si de suyo ha sido tortuoso el proceso de inscripción de sus hijos, ahora lo es más insisto, por la dramática situación económica que vivimos. Los papás no tienen dinero y los directores, coludidos en la mayoría de los casos con las directivas de las sociedades de padres de familia (que son impuestas incondicionalmente por ellos), imponen las cuotas, los uniformes y hasta el color de los tenis, so pena de no recibir al educando si el calzado blanco lleva una rayita negra en la suela del zapato.

Bajo el argumento que la escuela requiere pintarse, de baños, de butacas, de gíses, de papelería, de plumones, de pago de luz y de agua, estos directivos obligan a los papás y mamás a pagar todos esos dineros, dado que no hacerlo significa que sus vástagos se queden sin inscripción.

Equivocan >en mucho de los casos a propósito por el negocito que tienen<, la exigencia de todas estas necesidades a los padres, en lugar de hacérselas, como debería ser, al gobierno federal y estatal, no solo porque pagamos nuestra infinidad de impuestos para que se utilicen en esos menesteres, sino también porque así lo impone la Constitución General de la República, al otorgar ese servicio como un derecho público gratuito inalienable.

Los gobiernos neoliberales de 1985 a la fecha han abdicado de esa responsabilidad, y han recortado un día si, y al otro también los presupuestos para la educación, bajo la complacencia lacayuna de la mayoría de los maestros y papás, que deberían exigirle de diversas formas al presidente de la república y a los gobernadores el cumplimiento de esa obligación, en lugar de pasar a cuchilla a los niños y jóvenes al negarle su inscripción.

Los duermen esos gobiernos en épocas de campaña con regalitos insignificantes para que voten por ellos, a cambio, más adelante, de exprimirles los pocos dineros que logren reunir con su trabajo.

¡O pagan las cuotas de inscripción y compran los útiles escolares en la papelería que les diga el directivo, así como los uniformes de diario y deportivos en la casa comercial que ellos determinan, o no hay inscripción para los hijos! Así de simple y así de sencillo.

Si usted escucha, o ve en la televisión las advertencias de las autoridades educativas respecto a que ningún director podrá imponer cuotas para inscribir a los niños y jóvenes en las escuelas, entienda que es similar a las promesas de campaña de los ahora diputados federales electos que se comprometieron a bajar los precios de los combustibles, de la luz y a desaparecer impuestos como el IETU.

En pocas palabras, no pasara nada y el pueblo seguirá pagando el pecado de votar por estas autoridades que los engañan y duermen con regalitos en las campañas electorales, pero ya como gobierno actúan contrariamente a los intereses de su electorado.

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