Los valores morales
del Vaticano
Por Helí Herrera Hernández
Twitter:HELIHERRERA.es
Laurence C. Murphy es ordenado sacerdote en mayo de 1950. Su primer destino es el de capellán en la escuela de St. John, en la arquidiócesis de Milwuakee Estados Unidos, donde entre 1950 y 1970 abuso sexualmente de 200 niños sordomudos, sin que la iglesia de aquel tiempo, ni la actual, lo haya castigado eclesiásticamente, y mucho menos haya dado parte a las autoridades terrenales.
Dice la Congregación para la Doctrina de la Fe que se entero 20 años más tarde de los actos de este pederasta, pero que cayó el hecho por el escándalo que generaría en el mundo, con el consabido descrédito de la Iglesia Romana.
Es decir, a los papás y toda la curia le importó más su “”prestigio”” y “”valores morales que inculcan a todos sus feligreses””, antes que castigar a este cura pedófilo a quien no le importo que los 200 infantes fueran sordomudos, que no podían hablar y quejarse de las violaciones que sufrían por este “”representante de dios”” en ese colegio.
Joseph Ratzinger, hermano del actual papa prefirió ENCUBRIR a este delincuente, para que la sociedad norteamericana, en principio, no se percatara de los apetitos sexuales que animan a cientos de sacerdotes de esa Iglesia, y que en su inmensa mayoría, como el caso que nos ocupa, son callados y solapados por sus autoridades, quienes eso sí no se tientan la boca para criticar y señalar como delito al aborto, o los matrimonios entre homosexuales.
“”Unas veces sucedía en la confesión, Otras en medio de la noche, en los dormitorios. El padre Murphy llegaba, les masturbaba y se marchaba””. Con trece años Arthur Budzinski se escondía bajo la cama llorando, temeros del siguiente asalto e incapaz de pedir ayuda, por ser sordo y mudo.
El infierno de abusos sexuales en el que vivía a manos del cura al que sus padres habían confiado su educación no podía relatárselos a sus padres que desconocían el lenguaje de los signos. Años después de los abusos y violaciones sexuales que marcaron su vida para siempre, Budzinski, hoy pasados los 60, pudo relatar las vejaciones a las que fue sometido. Lo hizo con las manos, con el lenguaje que le enseño su verdugo.
De no haber sido por el periódico The New York Times, el mundo jamás se hubiera enterado de las vejaciones sobre estos 200 niños cometidos por el padre Lawrence C. Murphy entre 1950 y 1974, en la escuela para niños discapacitados auditivos de Saint Jhon en Milwaukee (Wisconsin), colegio que tuvo que cerrar sus puertas en 1983 “”por razones económicas””, por no decir para evitar el escándalo de inmoralidad, injusticia y poca vergüenza de los redentores de la fe, los valores familiares y de la sociedad.
Los hechos eran así un día cualquiera. “”Me encontraba en la cancha jugando baloncesto y los chicos venían y me decían que el padre Murphy quería verme”” explico James Smith cuando ya de adulto pudo enfrentar sus demonios. “”intentaba no ir, escaparme, pero finalmente el padre ME ARRASTRABA a su oficina y abusaba de mi, me violaba”, a sabiendas que no podía denunciarlo.
Como éstos dos casos, hay 198 más que estos 200 niños sordomudos sufrieron de ese pedófilo, representante de dios en la tierra, advirtiéndole que toque los menos desgarradores para evitar que los católicos que me están leyendo pudieran como yo, sufrir síntomas de vómito ante tanta bajeza de aquellos que, insisto, son buenos para criticar superficialmente leyes terrenales que atentan contra “”sus principios y valores””.
Las acciones del padre Murphy, de suyas condenables por todos los lados que se les quiera ver, traslucen la vida de la iglesia romana que más que principios y valores tienen intereses, económicos desde luego, porque al igual que Marcial Maciel Degollado, fundador de los legionarios de Cristo, (otro violador de menores), le echaron tierra para que la justicia terrenal no los alcanzara, tapando todas sus porquerías.
Hoy, dicen los legionarios que condenan las conductas de su fundador, pero no dudo que más adelante, como lo hizo ya el hermano del papa Benedicto con el padre Murphy, lo perdonen porque valoran más los negocios que les heredo, desde donde se enriquecen diariamente, como la universidad Anahuac.
La iglesia romana, sus directivos encabezados por el papa han pedido perdón por las matanzas ocurridas en las cruzadas; hace unos años pidieron otra vez perdón por las atrocidades cometidas por la “”santa inquisición””; la semana pasada por las violaciones del pedófilo Marcial Maciel contra menores de edad, y hoy, de nueva cuenta, como si el perdón remediara dolores físicos, espirituales y del alma, pide perdón a los 200 niños vejados por el pederasta sacerdote Murphy, a sus doscientas familias, y pide perdón a una sociedad que, muchos miles de ellos, no ven estas atrocidades de sus guías de fe, pero se dejan llevar por ellos para criticar leyes terrenales a las que ellos escapan, con el lógico solapamiento de las autoridades que deberían aplicárselas, por lo que, se convierten en encubridores de estos.
Claro esta que ninguna de esas autoridades quisiera llamar al encubridor principal de todos estos delincuentes, y sentarlo ante tribunales para que respondan de todas estas fechorías. Tienen miedo a la excomunión porque como nuestro presidente Felipe Calderón, fueron “”educados”” en escuelas confesionales.
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Laurence C. Murphy es ordenado sacerdote en mayo de 1950. Su primer destino es el de capellán en la escuela de St. John, en la arquidiócesis de Milwuakee Estados Unidos, donde entre 1950 y 1970 abuso sexualmente de 200 niños sordomudos, sin que la iglesia de aquel tiempo, ni la actual, lo haya castigado eclesiásticamente, y mucho menos haya dado parte a las autoridades terrenales.
Dice la Congregación para la Doctrina de la Fe que se entero 20 años más tarde de los actos de este pederasta, pero que cayó el hecho por el escándalo que generaría en el mundo, con el consabido descrédito de la Iglesia Romana.
Es decir, a los papás y toda la curia le importó más su “”prestigio”” y “”valores morales que inculcan a todos sus feligreses””, antes que castigar a este cura pedófilo a quien no le importo que los 200 infantes fueran sordomudos, que no podían hablar y quejarse de las violaciones que sufrían por este “”representante de dios”” en ese colegio.
Joseph Ratzinger, hermano del actual papa prefirió ENCUBRIR a este delincuente, para que la sociedad norteamericana, en principio, no se percatara de los apetitos sexuales que animan a cientos de sacerdotes de esa Iglesia, y que en su inmensa mayoría, como el caso que nos ocupa, son callados y solapados por sus autoridades, quienes eso sí no se tientan la boca para criticar y señalar como delito al aborto, o los matrimonios entre homosexuales.
“”Unas veces sucedía en la confesión, Otras en medio de la noche, en los dormitorios. El padre Murphy llegaba, les masturbaba y se marchaba””. Con trece años Arthur Budzinski se escondía bajo la cama llorando, temeros del siguiente asalto e incapaz de pedir ayuda, por ser sordo y mudo.
El infierno de abusos sexuales en el que vivía a manos del cura al que sus padres habían confiado su educación no podía relatárselos a sus padres que desconocían el lenguaje de los signos. Años después de los abusos y violaciones sexuales que marcaron su vida para siempre, Budzinski, hoy pasados los 60, pudo relatar las vejaciones a las que fue sometido. Lo hizo con las manos, con el lenguaje que le enseño su verdugo.
De no haber sido por el periódico The New York Times, el mundo jamás se hubiera enterado de las vejaciones sobre estos 200 niños cometidos por el padre Lawrence C. Murphy entre 1950 y 1974, en la escuela para niños discapacitados auditivos de Saint Jhon en Milwaukee (Wisconsin), colegio que tuvo que cerrar sus puertas en 1983 “”por razones económicas””, por no decir para evitar el escándalo de inmoralidad, injusticia y poca vergüenza de los redentores de la fe, los valores familiares y de la sociedad.
Los hechos eran así un día cualquiera. “”Me encontraba en la cancha jugando baloncesto y los chicos venían y me decían que el padre Murphy quería verme”” explico James Smith cuando ya de adulto pudo enfrentar sus demonios. “”intentaba no ir, escaparme, pero finalmente el padre ME ARRASTRABA a su oficina y abusaba de mi, me violaba”, a sabiendas que no podía denunciarlo.
Como éstos dos casos, hay 198 más que estos 200 niños sordomudos sufrieron de ese pedófilo, representante de dios en la tierra, advirtiéndole que toque los menos desgarradores para evitar que los católicos que me están leyendo pudieran como yo, sufrir síntomas de vómito ante tanta bajeza de aquellos que, insisto, son buenos para criticar superficialmente leyes terrenales que atentan contra “”sus principios y valores””.
Las acciones del padre Murphy, de suyas condenables por todos los lados que se les quiera ver, traslucen la vida de la iglesia romana que más que principios y valores tienen intereses, económicos desde luego, porque al igual que Marcial Maciel Degollado, fundador de los legionarios de Cristo, (otro violador de menores), le echaron tierra para que la justicia terrenal no los alcanzara, tapando todas sus porquerías.
Hoy, dicen los legionarios que condenan las conductas de su fundador, pero no dudo que más adelante, como lo hizo ya el hermano del papa Benedicto con el padre Murphy, lo perdonen porque valoran más los negocios que les heredo, desde donde se enriquecen diariamente, como la universidad Anahuac.
La iglesia romana, sus directivos encabezados por el papa han pedido perdón por las matanzas ocurridas en las cruzadas; hace unos años pidieron otra vez perdón por las atrocidades cometidas por la “”santa inquisición””; la semana pasada por las violaciones del pedófilo Marcial Maciel contra menores de edad, y hoy, de nueva cuenta, como si el perdón remediara dolores físicos, espirituales y del alma, pide perdón a los 200 niños vejados por el pederasta sacerdote Murphy, a sus doscientas familias, y pide perdón a una sociedad que, muchos miles de ellos, no ven estas atrocidades de sus guías de fe, pero se dejan llevar por ellos para criticar leyes terrenales a las que ellos escapan, con el lógico solapamiento de las autoridades que deberían aplicárselas, por lo que, se convierten en encubridores de estos.
Claro esta que ninguna de esas autoridades quisiera llamar al encubridor principal de todos estos delincuentes, y sentarlo ante tribunales para que respondan de todas estas fechorías. Tienen miedo a la excomunión porque como nuestro presidente Felipe Calderón, fueron “”educados”” en escuelas confesionales.