lunes, 11 de mayo de 2009

Una caricatura el Estado
mexicano

Por Helí Herrera Hernández
plazacaracol@hotmail.com

Las expectativas generadas desde hace tres meses del libro “”Derecho de réplica””, cuando editorial Grijalbo anunciaba su pronta aparición, fueron reales en el sentido de agotarse en menos de 8 días la primera edición.

Políticos y no políticos, gente de la sociedad, investigadores del Estado de Derecho y del Estado Mexicano se volcaron a las librerías para adquirir el libro del empresario Carlos Ahumada Kurtz, que en marzo del 2004 se hizo el hombre argentino, naturalizado mexicano, más famoso del país y fuera de éste, cuando dio a conocer >vía televisa, a Joaquín López Doriga y al payaso brozo<, los videos que mostraban a varios hombres del Partido de la Revolución Democrática, el PRD, recibiendo dinero, siendo el caso más sonado el de Rene Bejarano, a la sazón secretario de Andrés Manuel López Obrador, entonces Jefe de Gobierno de la ciudad de México, atiborrando su portafolio de fajos de billetes, y cuando no cupieron, utilizando ligas para engullírselos en las bolsas de su traje, en un acto televisivo que lo marco para toda su vida.

Logré adquirir uno el sábado y devoré las 364 páginas que me llevan a corroborar lo que millones de compatriotas sabíamos no solo del complot, tan criticado y ridiculizado mediáticamente, sino de la caricatura que es el Estado Mexicano, permeado en sus tres poderes por gente corrupta, sin escrúpulos, avara, egoísta, verdaderos sinvergüenzas y pendencieros que en aras de cumplir sus ambiciones personales, nunca se detienen y abrazan cualquier acción, por muy perversa que sea, para cumplirlos.

Lo que pocos escribimos (y allí están mis artículos en diversos medios para quien lo dude), en aquel año, respecto a la confabulación que Ahumada-Salinas-Diego y Fox tramaron para golpear al candidato a la presidencia de la república que lideraba las encuestas, con el claro propósito de desprestigiarlo y tumbarlo, a 5 años la historia nos da la razón, cuando en voz y pluma del actor principal, confiesa en su libro que ese era el verdadero objetivo de los video escándalos, y que para ello fueron mucho más los hampones que intervinieron que los que sonaban en aquellas fechas, muchos de los cuales no le cumplieron a Carlos Ahumada lo prometido tanto en influencias como en dinero, según lo manifiesta en las páginas del “Derecho de réplica”.

De la lectura se desprende que “”el padrino de la mafia”” lo fue, en efecto, Carlos Salinas de Gortari, cuyo botín fue conseguir de Vicente Fox (Poder Ejecutivo), y el Poder Judicial la liberación de su hermano Raúl, que estaba preso por ser el autor intelectual del homicidio de su cuñado, y el robo de varios millones de dólares de las finanzas nacionales. Que el operador y títere del expresidentes Salinas fue el entonces presidente del Senado (Poder Legislativo) Diego Fernández de Ceballos, quien negocio vía el diputado panista Federico Döring, la transmisión en vivo de los videos en TELEVISA, según convenio obtenido con Bernardo Gómez, vicepresidente de esa empresa, y de esa forma darle cuerpo a las acusaciones de corrupto a Andrés Manuel López Obrador, para cerrarle el camino a la Presidencia de la República.

Ahora sabemos al leer el libro, que en el juego sucio y complot no solo participaron estos personajes de los tres poderes que integran El Estado Mexicano, sino el otrora Procurador General del País el general Rafael Macedo de la Concha; el actual Presidente de la República Felipe Calderón Hinojosa, vía Juan Molinar Horcasitas –actual secretario de comunicaciones y Transportes-; el exgobernador de Tabasco, Manuel Andrade; el exgobernador del Estado de México (otro pájaro de cuenta) Arturo Montiel; la impoluta lideres del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, el SNTE, maestra Elba Esther Gordillo; el ridículo peleador callejero metido a político y examante de la maestra Gordillo Jorge Kahwagi; Rodolfo Elizondo Torres, hombre cercanísimo a Vicente Fox y actual secretario de turismo; Santiago Creel miranda, entonces Secretario de Gobernación; el señorito Enrique Peña Nieto (el muñeco), quien era diputado federal y entrego 35 millones de pesos a Carlos Ahumada por los videos; la propia ligereza en aquella época del PRD y compañera sentimental en aquellos años de Carlos Ahumada Rosario Robles, así como el actual Procurador General de la República Eduardo Medina Mora.

Como si este ramillete de políticos y empresarios fuera poco, Ahumada involucra en el tráfico de influencias a la actual ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación Margarita Luna Ramos, quien llega a ese cargo de rebote, gracias al complot contra Andrés Manuel.

¿Qué dirán ahora los que criticaron y se mofaron del término “”complot”” que tanto aludió el excandidato presidencial López Obrador, como instrumento para destruirlo, y que afirmaban en los medios que era un invento, producto de la mente calenturienta del tabasqueño?

Seguramente no tendrán memoria, como no la tiene ya Joaquín López Doriga, que fue uno de los sicarios verbales y de pluma contra Andrés Manuel, al lado de varios de sus compañeros conductores de espacios noticiosos en las empresas TELEVISA y televisión AZTECA, o seguramente serán unos “”boludos”” o “”desvergonzados”” para que se oiga más decente, como Diego Fernández de Ceballos, que admite en entrevista con el periódico El Universal que “”si lo hizo, que no se arrepiente de haberlo hecho, y que lo volvería hacer””.

Una caricatura de Estado Mexicano tenemos. Porque en México hay manipulación del sistema judicial contra adversarios políticos y/o para sacar presos a pájaros de cuenta; porque en México hay corrupción de altísimos funcionarios del Poder Ejecutivo y Legislativo; porque en México los gobernadores no rinden cuantas del dinero que administran y lo manejan a su antojo, como los 35 millones que Carlos Ahumada admite haber recibido de dos de ellos como pago por sus videos; Porque en México el Poder Judicial se ha convertido en una cuota de poder de los senadores, diputados y del presidente de la república, en un triunvirato perverso y mafioso, alejado superlativamente del tan cacaraqueado Estado de Derecho.

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