DE LA HIPOCRECÍA Y LA CORRUPCIÓN
Para Toño Nemi, con mi solidaridad en este trance.
Por Helí Herrera Hernández
¿Qué otra cosa se podía esperar de Felipe Calderón, en el pasado encuentro mundial de la familia, convocado por el vaticano en la ciudad de México, cuando fue educado en escuelas católicas, a cargo de los “hermanos maristas, las misioneras del espíritu santo y las hermanas del verbo encarnado”, a cuyo cargo tienen, para no variar, la educación de sus hijos?
Su discurso fue pues, acorde a esa formación ideológica medieval que tiene como tesis principal a la razón y la fe, aunque como Santo Tomás de Aquino, >el maestro de todos ellos< lo dijera, en caso de contradicción entre una y otra, deberían de someter la razón a la fe, por sobre todas las cosas.
El >magíster dixit<, o principio de autoridad (debo aceptar lo que dijo el maestro como verdad absoluta), impuesta en las universidades católicas a mediados del siglo XI, conocida también como la philosophia ancilla theologiae (la filosofía es esclava de la teología), siguen siendo las herramientas de todas las escuelas confesionales para apoderarse de las mentes infantiles y jóvenes, alejándolos así del espíritu científico que debería ser el método para que todos los hombres y mujeres en el mundo se expliquen los fenómenos surgidos en la naturaleza y en la sociedad, y en esa dinámica dialéctica encontrarles solución.
Por eso son todos estos escolásticos enemigos del laicismo, porque su aplicación aleja a la juventud del mundo mágico-irreal que proponen, principalmente en el cielo y no en la tierra, en donde les exigen sometimiento al poder divino y el cruzamiento de brazos frente a la injusticia, la explotación y el hambre perversamente provocada por todos aquellos que generosamente dan limosnas a la iglesia católica y otras, para que sigan promoviendo el “quietismo” de la sociedad y aseguren la no rebelión, que lesionaría, ese si, sus intereses terrenales.
En México el laicismo genero la separación del Estado y la Iglesia y le dio a cada uno sus espacios de poder. El laicismo sin embargo es tan democrático que permite que los compatriotas abrazen de manera libre la religión que cada uno quiera en las escuelas, contrario a lo que promueven la curia católica en las suyas. Por eso reconozco que el presidente Felipe de Jesús Calderón sea obcecado e hipócrita a la vez.
Obcecado por todo lo que esa palabra significa: ciego, perturbado, turbado, confundido, derivado de las escuelas católicas donde fue educado, e hipócrita porque ahora sucede que todos los problemas que tiene nuestro país, son producto de la desunión familiar que el Estado mismo ha propiciado con la figura del “divorcio”, o de la simple desintegración de la célula de la sociedad, que en efecto es la familia,
Los robos, los asesinatos, las violaciones, el narcotráfico, la pobreza, el hambre, la miseria y la riqueza vienen a ser resultado de la ausencia de valores católicos en la familia, y no del modelo económico, y de los gobiernos corruptos e ineficaces que se tienen en todo el mundo, a decir de don Felipe de Jesús Calderón Hinojosa.
Y claro que esta barbaridad fue inmediatamente criticada por académicos, por periodistas, por científicos, profesores y todo un conglomerado social que le hizo ver al presidente su actitud violatoria al marco constitucional, y su pensamiento estrecho propio, de la educación que recibió.
La respuesta de ese poder económico-religioso no se hizo esperar, y en el editorial de su más reciente edición. Desde la fe. Semanario de la arquidiócesis de México, tacha a todas estas personas, articulistas y medios de comunicación que han criticado la presencia y palabras de Calderón en ese acto de ser “cortos de inteligencia”, con una “enorme y monumental intolerancia”, “enfermizos del laicismo” , “ignorantes”, “miopes y rabiosos”, “talibanes del laicismo”, “primitivos defensores no del estado laico, sino del estado arcaico”.
“Lo menos que podemos decir es que su ignorancia es grotesca y se muestran incapaces de superar su complejo de inferioridad y de disimular sus odios y sus fobias que rayan en lo patológico; han mostrado que su corta inteligencia no les permite entender la libertad de una democracia y la pluralidad de nuestra cultura”, anota la publicación de don Ernesto Corripio Ahumada, el arzobispo de México.
Si ellos son inteligentes ¿Por qué plantean reinos divinos y nunca terrenales? ¿Por qué creen y hacen creer en seres inexistentes que no son como nosotros: de carne y hueso? ¿Por qué anteponen la fe siempre frente a la razón?
Nos acusan de “intolerantes” cuando somos defensores en las aulas públicas de la libertad religiosa; de “miopes” cuando vemos como la curia se enriquece brutalmente (mientras el pueblo se muere de hambre), y cometen delitos sexuales los sacerdotes sin que leyes terrenales los ajusticien; y de “rabiosos” solo por exigirle al “presidente católico” que respete la Constitución”.
Lo que pasa en México y en el mundo con los representantes de “dios” en la tierra es que se han transformado de filósofos escolásticos a filósofos hipócritas y convenencieros, y les duele, les molesta y los enloquece que alguien se los diga, porque se sienten inmaculados, intocables y divinos
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