IZTAPALAPA: EL PRINCIPIO
DEL FIN
Por Helí Herrera Hernández
plazacaracol@hotmail.com
El Iztapalapa-Gate se esta convirtiendo en la bomba que Jesús Ortega y su grupo de colaboracionistas nunca quería tener en sus manos.
Desde que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación le diera el triunfo al expesetista, (fue miembro del extinto partido socialista de los trabajadores, y más tarde del partido frente cardenista de reconstrucción nacional), ha tratado de ir navegando con velas a medio mástil para ir sorteando las tormentas que se la han presentado, porque él sabe que hizo trampa para alcanzar ese cargo, pero también sabe que para lograrlo contó con la colaboración de los integrantes del TRIFE, cuyos magistrados, como todos sabemos, se eligen a propuesta de los partidos políticos mayoritarios, en este caso del PAN, PRI.
Es lógico que hay incrédulos, principalmente en los medios informativos, >>y porque así conviene a sus intereses<<, que dudan públicamente que estos magistrados del tribunal electoral actúen parcialmente en sus decisiones. Y digo “dudan públicamente” porque las empresas para las que trabajan así se los exigen, que externen en la radio y la televisión, principalmente sus opiniones, que siempre van en el sentido de honrar la honorabilidad de estos magistrados, y criticar con severidad a todos aquellos que la cuestionan.
Ya nos hemos acostumbrado a ver como TELEVISA y TELEVISIÓN AZTECA se le van a la cabeza a Andrés Manuel López Obrador, tachándolo de intolerante, terco, obcecado y testarudo, pero nunca he visto que publiciten al tabasqueño como corrupto y ladrón, aunque no dudo que si tuvieran un solo elemento, una sola prueba de que lo fuera, hasta interrumpirían las programaciones ordinarias para darlo a conocer nacional e internacionalmente, y darle la puntilla al hombre que no ha bajado los brazos en su lucha contra un sistema que empobrece a las masas y privilegia a las minorías.
Por eso ahora que los magistrados del TRIFE le asestan otro golpe más al movimiento López-obradorista, desconociéndole la candidatura de Clara Brugada para delegada de Iztapalapa, y deciden registrar la de Silvia Oliva Fragoso, una perredista afín al grupo de los chuchos, la reacción de los afectados fue la de luchar de manera abierta “”contra la mafia”” que se apodero del PRD con el apoyo de las autoridades electorales, y lanzar su apoyo a favor de Rafael Acosta, candidato al mismo cargo por el Partido del Trabajo, en un movimiento que no debe verse exclusivamente electoral, sino en el posible >>Waterloo<< del Partido de la Revolución Democrática que a toda costa quiso evitar Jesús Ortega, por más que desde el gobierno y los medios lo presionaban para expulsar a López Obrador.
El resultado electoral que surja el 5 de julio es lo de menos. Si gana Silvia Oliva Fragoso el grupo colaboracionista de Jesús Ortega ganando pierde, porque resultará impostergable el juicio interno que la comisión de vigilancia del PRD le hará a López Obrador, no quedándole otra que proponer al pleno del consejo nacional su expulsión, con las consecuencias que ésta le traerá al perredismo.
Los tambores de guerra ya suenan inclusive desde este momento, en voz de varios dirigentes estatales, senadores, diputados locales y federales, que anuncian su salida con la de Andrés Manuel, enrumbándose a la formación de otro partido político que Convergencia o el Partido del Trabajo cederían su registro para lograrlo, toda vez que la ley electoral no permite en estos años venideros la construcción de uno nuevo, mediante el proceso de las asambleas constitutivas.
Irremediablemente el PRD dejaría de ocupar el tercer sitio en las preferencias electorales para pasar al cuarto, en un escenario halagüeño para ellos, y en un descuido al quinto, si el Partido Verde cosecha los votos que su campaña demagógica le presagia.
El nuevo partido se situaría en el tercero porque allí coincidirían el partido convergencia, el del trabajo, los experredistas que abandonarían su partido y el movimiento civil López-obradorista que aglutina al de la defensa del petróleo que se encuentra estructurado a nivel nacional.
El caso Iztapalapa se convierte pues en el principio del fin, en la crónica de una expulsión anunciada orquestada desde las más altas esferas del poder político y económico en México, contra un hombre que en efecto, es un peligro para los intereses de los privilegiados en esta nación, y que por ello lo atacan, por eso se le van a la yugular, si no, ¿Por qué tanta denostación, tantas injurias y tanto odio contra Andrés Manuel desde televisa, desde televisión azteca, o desde algunos medios escritos con columnistas-periodistas que están al servicio de sus patrones adinerados, beneficiarios de las políticas económicas del gobierno contra el que lucho AMLO?
Los perredistas colaboracionistas (porque son alfiles del gobierno calderonistas) empiezan hacerse el hará-kiri, y lo peor de todo, es que es, con conocimiento de causa, y todo, por unos cuantos pesos.
domingo, 21 de junio de 2009
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